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El poder del testimonio

por Josué Villatoro
pastorEsta palabra se ha hecho muy común en el círculo cristiano y, a lo que se refiere es a tu día a día, a la manera en la que te comportás estés donde estés.

El diccionario de la Real Academia habla del testimonio como “prueba, justificación y comprobación de la certeza o verdad de algo.” En realidad, eso es el testimonio de uno, la prueba de que lo que uno dice creer es verdad, la comprobación de que no somos habladores, sino gente coherente entre lo que dice y lo que hace.

Creo que una de las cosas que más afectan a los cristianos, y en especial a los jóvenes de hoy día es su testimonio. Tener un buen testimonio no significa ser perfecto, sino ser transparente. Claro, a nadie nos gusta que se expongan nuestros errores o debilidades, pero necesitamos no tener doble cara, porque lo único que hace eso es desacreditar nuestra fe.

Una de las cosas más importantes en la vida de un cristiano es su genuinidad, es decir, que no tenga doble cara, que sea real, que sea sincero. Esta característica de la vida cristiana es algo que he enfatizado mucho a mis jóvenes y he tratado de aplicar fuertemente en mi vida diaria. El mensaje del Evangelio pierde todo el sentido cuando se convierte en una religión. El mensaje de Jesús no es un sistema de creencias, es un estilo de vida. Si te das cuenta, eso significa que no se trata de cuánta Biblia sabes, de cuánto oras al día, de cuántas personas tienes en tu grupo de discipulado, o cuánto dinero ofrendas. Se trata de cuánto vives lo que crees, de cuánto vives lo que Jesús enseñó, de qué tan real es Él en vos.

Jesús mismo le habló muy fuerte a un grupo de gente de su tiempo que, al menos en teoría, trataban de agradar a Dios. Los llamó “sepulcros blanqueados y generación de víboras”. Fue tan duro con este grupo de personas que decían amar a Dios tanto que cumplían con todas sus leyes, porque Él conocía sus corazones y veía lo que estaba verdaderamente en ellos. Tan confrontador fue el trato de Jesús con este grupo, con los fariseos, que decirle hoy día a alguien fariseo, es decirle, hipócrita.

Por esto, tu testimonio debe basarse en la sinceridad, en ser auténtico, genuino. La gente se dará cuenta de que a veces fallas, y eso no quiere decir que te conviertas en un “cara barro” que peca sin ningún pudor; sino que vivas lo que crees donde sea que estés, en tu colegio, en tu universidad, en tu barrio, en tu trabajo, con tus amigos, con tus familiares, en la iglesia, en todo lugar.

Tener un buen testimonio no es tener una buena imagen, sino tener una buena vida, una vida que agrade a Dios, que cuando se equivoca, se arrepiente y decide levantarse y comenzar de nuevo.

Sin una vida de autenticidad, sin un testimonio genuino, nunca podrás impactar a tus amigos con el mensaje de Jesús. Es más, tal vez ya has escuchado la frase “para ser como esos cristianos, tan hipócritas, mejor sigo siendo como soy…” Ese es el problema, si tu vida no concuerda con tu fe, nadie va a querer tomar tu fe. Hay gente que cree que lo que hace en un lugar o un momento específico dice quiénes son. Jesús dijo que en el día final, muchos que hicieron milagros, profetizaron y hasta echaron fuera demonios, serán desechados por Él, porque en realidad, sus vidas no fueron coherentes con lo que decían creer. Sin un testimonio auténtico, no podrás agradar a Dios, que es lo más importante.

Pero por otro lado, en la otra cara de la moneda, tu buen testimonio, tu vida sincera, hará que mucha gente desee tener lo que vos tenés. Hará que muchos se acerquen a Dios buscando una vida como la tuya. ¿Sabes por qué? Porque este mundo está lleno de superficialidad, de apariencias, de hipocresía, y hoy, más que nunca, la Iglesia de Jesús tiene que ser verdadera en todo. Con un testimonio genuino, no sólo alcanzarás a otros, sino que alcanzarás el corazón de Dios. A pesar de tus errores, si Dios ve amor real en tu vida hacia Él, te llamará un joven conforme a su corazón, como lo hizo con el rey David.

¿Cómo podés evitar los errores más comunes sobre tu testimonio? Siendo auténtico, siendo genuino, no jugando a ser quien no eres, no poniéndote máscaras ni disfraces de cristianito… teniendo una verdadera vida de relación con Dios.

Si hay alguien a quien no puedes impresionar con nada de lo que hagás, es a Dios. Por eso, si de verdad querés vivir para agradarle, vive como sos, compórtate tal cual, y trata de que los demás vean cuánto amas a Dios, porque el amor nunca podrá ser hipócrita, el amor es verdadero.

Te animo a que hoy decidás ser real en todo, sin apariencias que guardar, sin dobles vidas, con la verdad siempre por delante, viviendo como Jesús.

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